Un cántico nuevo

La confesión de David en el Salmo 40 es la culminación de la «inversión vertical». El pozo cenagoso y el lodo representan algo más que el sufrimiento: significan el «límite de la supervivencia» donde todo esfuerzo humano queda anulado. Sin embargo, Dios no ignora el clamor de las profundidades. Levanta al alma manchada de barro y la planta firmemente sobre la Roca. Esta Roca es la misma soberanía que confesaron Ana y Job, experimentada ahora por David como una «estabilidad tangible» bajo sus pies.

Esta liberación nunca termina en mero alivio privado. El «cántico nuevo» que Dios mismo pone en su boca es un canto de victoria que solo pueden entonar quienes han atravesado el fuego. Posee una resonancia que hace que muchos «vean y teman» y los conduce a confiar en el Señor.

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