Con solo tocar

Los doce años de lucha de la mujer de Marcos 5 representan los límites del esfuerzo humano. Afligida por una enfermedad crónica, agotó todos sus recursos para salvarse y solo encontró una desesperación más profunda y la etiqueta de «impura». Su historia refleja la condición humana universal: comprender que nuestra condición quebrada no puede repararse con nuestra propia fuerza ni con la Ley.

Mientras la Ley ordena a la persona impura que se mantenga lejos, el Evangelio revela al Santo extendiendo la mano para cubrir a quien está quebrado. Incluso desde las profundidades de su desesperación, ella alargó la mano con fe. El título «Con solo tocar» no enfatiza la intensidad de su gesto, sino la suficiencia de la gracia de Cristo: una transferencia divina para la cual bastó el contacto más leve. Cuando tocó Su manto tuvo lugar el «Gran Intercambio». Cristo tomó sobre Sí la vergüenza y la agonía de ella y, a cambio, la vistió con Su propia justicia y vida.

«Hija.»

Al llamarla «Hija» ante la multitud, Jesús hizo más que sanar su carne. La transformó de marginada en hija Suya. Ya no era una sombra definida por el juicio, sino una hija de la luz, redefinida y levantada por el amor absoluto del Salvador.

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