La oración de Ana

La oración de Ana es mucho más que un estallido pasajero de alegría por un deseo cumplido. Su mirada atraviesa el regalo y se dirige al carácter del Dador. La paradoja—vida y muerte, pobreza y riqueza, abatimiento y exaltación—no es para ella un capricho del destino, sino el «gobierno perfecto» de Dios.

Mientras el mundo busca seguridad en la posesión, Ana encuentra descanso en el despliegue de Su providencia. Cuando la mano que vacía y colma se convierte en «suelo de confianza» en lugar de fuente de confusión, el alma echa un ancla inquebrantable que resiste la turbulencia. Nuestra alegría no comienza en la respuesta recibida, sino al reconocer que Él es la única Roca que permanece inmóvil.

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