Korea III :
가나다라마바사

El hangul es un sistema de escritura creado para que las personas pudieran escribir el coreano que ya hablaban. En su prefacio al Hunminjeongeum, el rey Sejong lamentó la situación de quienes no podían expresar plenamente sus pensamientos mediante la escritura de la que disponían. En ese comienzo, percibimos una preocupación por las voces que hasta entonces no habían sido escuchadas. Las tres letras vocálicas básicas originales de esta escritura —un punto para el cielo (ㆍ), una línea horizontal para la tierra (ㅡ) y una línea vertical para una persona erguida (ㅣ)— reflejan la filosofía de Cheon-Ji-In, que une el cielo, la tierra y la humanidad. Las consonantes y las vocales se unen para formar sílabas escritas que transmiten las palabras de una persona. En el Día del Hangul, estas letras nos invitan a reflexionar sobre un valor del patrimonio cultural de Corea que debemos seguir transmitiendo: la conexión, sostenida al escucharnos mutuamente y cuidar los vínculos que nos unen.

Esa atención a la voz de otra persona encuentra ecos en toda la vida coreana. Jeong, el afecto que crece a través de la vida compartida, se expresa en el antiguo dicho de compartir incluso la mitad de un frijol. Sigue presente en saludos habituales como «¿Has comido?» y «Comamos juntos algún día», expresiones de interés y afecto hacia la otra persona. Hyo conecta a las generaciones mediante el respeto y el cuidado de nuestros padres y mayores. Arirang, transmitido en muchas melodías y versos, se ha convertido en una canción comunitaria con la que las personas comparten las alegrías y las penas de la vida y sobrellevan juntas las dificultades. Estas tradiciones tienen formas y orígenes distintos, pero podemos leerlas juntas como expresiones del deseo de permanecer conectados.

Corea ha soportado un dominio colonial que reprimió nuestra lengua y nuestra escritura, la guerra y la tragedia de una división que continúa hasta hoy. La libertad de la que disfruta Corea del Sur en la actualidad es una herencia preciosa, conquistada y preservada gracias a los sacrificios y esfuerzos de innumerables personas. Una de las fuentes de fortaleza durante aquellos años difíciles fue la solidaridad entre familiares, amigos, vecinos y el conjunto de la comunidad.

Al vivir en la libertad que hemos heredado, debemos preguntarnos si el cuidado expresado en estas tradiciones todavía encuentra un lugar en nuestras vidas. Debemos examinar qué decimos a quienes están a nuestro lado, con cuánta atención los escuchamos y cómo los cuidamos. Estos vínculos se sostienen con las elecciones que hacemos cada día. Al escuchar, compartir y cuidar en nuestra vida cotidiana, buscamos transmitir estos vínculos a la próxima generación.