Todavía no

Cuando el mundo guarda silencio y las semillas que plantamos con esfuerzo no muestran señales de vida, solemos encarcelarnos escribiendo nuestras carencias en cada pared. Sin embargo, el susurro de «todavía no» que emerge de esa oscuridad profunda no es una esperanza vacía ni una petición de autocompasión. No es una declaración negativa de carencia, sino una convicción firme en el sol que aún no ha salido y una «coma» resuelta que proclama que la desesperación presente no es el punto final de la gran oración que es nuestra vida.

La capacidad serena de decir «estoy en camino» incluso cuando persisten el dolor y la presión es una forma de dignidad reservada a quienes afirman su existencia más allá de los resultados. Por eso no apartamos la mirada del dolor. Poner una coma donde el mundo exige un punto: esa es la verdadera libertad y el valor que nos concede «todavía no».

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