La brecha y el avance

Hay momentos en toda vida en que uno camina por un túnel sin final a la vista. Son días de silencio prolongado, de caminar y caminar sin saber dónde estamos ni si el camino elegido es el correcto. Solemos desesperarnos al mirar la «brecha»: la distancia entre nuestro yo actual y la luz inalcanzable de la salida, el Ideal. Como un horizonte que retrocede cuando nos acercamos, esa luz puede hundirnos más en la impotencia cuanto más rápido corremos hacia ella.

Sin embargo, la única manera de conservar la dignidad dentro de esta oscuridad es volver la mirada hacia la entrada y reconocer el «avance»: el camino recorrido desde el comienzo. En medio del silencio donde nada parece haber cambiado, los pies se han endurecido, la respiración se ha acostumbrado al aire del túnel y, sobre todo, has llegado hasta aquí sin detenerte.

El crecimiento verdadero no comienza calculando la distancia hasta un destino, sino midiendo con sinceridad cuánto se ha alejado el yo de hoy del yo de ayer. Un túnel no termina simplemente porque la salida esté cerca, sino porque tú has avanzado muy lejos de la entrada.

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